Get PDF Amor atormentado (Escándalos de Sociedad) (Spanish Edition)

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Ni yo mismo me creo las cosas que digo.

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De vuelta en el hotel, no consigo dormir. He tomado demasiadas pastillas y reboto en la cama.


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Estoy helado. Un botones vigoroso se arrodilla y prende el fuego ante mi mirada arrobada. Me ocupo entonces de que no se apague el fuego, de Jaime Bayly El canalla sentimental 66 avivar las llamas. Reconfortado, cierro los ojos y me voy quedando lenta, penosa, sudorosamente dormido. Es cubana. Nunca he tenido nada importante que decir, tampoco ahora. Jaime Bayly El canalla sentimental 67 Se llamaba Gabriela.


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Fue una adolescente infeliz. Su madre toleraba todo en silencio, sufriendo. Fue muy feliz con ella. Era muy pobre. Ahora es una mujer feliz, y no lo oculta. Y entonces suena el celular. No pude. Fue el destino. Y me da un beso en la mejilla y se va, siempre distante y misteriosa, la mujer que no se deja besar, la eterna mujer de la foto. Cuando termina el programa, mientras voy manejando de regreso a casa, suena el celular.

Es el representante. Le pido disculpas por mi imprudencia, pero en realidad estoy encantado.

Men - ContraPoints

Entonces me doy cuenta de que estoy en problemas. No me gusta tu zarcazmo. Vas a terminar en el hospital. Luego me voy al gimnasio, al banco, al correo, y me olvido de las pechugas en el horno. Suena una alarma aguda e intermitente. Me dice que abra la puerta enseguida, que hay un incendio.

Pienso: Que se queme todo, menos las fotos de mis hijas y mi pasaporte.

Abro la puerta torpemente, porque la llave siempre se atranca, y entro con los bomberos. Hay una pestilencia a carne quemada. La alarma no deja de sonar. Al llegar al estudio, mis productores me dicen que huelo raro, a humo, a quemado. A las diez en punto comienza el programa.


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No podemos seguir hablando. Mando comerciales. Mi programa es risible. Mi pelo es risible. Mis pechugas carbonizadas son risibles. Mi vida toda es risible.

BENITO PÉREZ GALDÓS

Es triste pero es mi vida. Por supuesto, no pude dormir esa noche. Me angustiaba la idea de hacerlo mal. Me dio una cierta calma que me pintaran la cara. Yo estaba seguro de que todo iba a salir mal. Sigue hablando, pensaba. No les hagas caso. Con gestos crispados, me pidieron que subiera la voz. Todos se rieron en el estudio. En la camioneta, discutimos. Yo voy solo. Me gustan los Pet Shop Boys. Cuando era joven, escuchaba sus canciones. Tuve que quedarme en cama. Seguro que no vas a venir al recital. Si no le gusta mi programa, no lo vea. Al volver a casa, me dio un ataque de tos. Llegamos puntualmente.

No fue complicado encontrar parqueo. Tampoco tuvimos que hacer muchas filas para llegar a nuestros asientos. Enseguida fuimos al bar. Creo que voy a emborracharme. Fue un concierto memorable. Te espero en la camioneta. Prefiero salir ahora. Pero tranquilo, no te apures, yo te espero en la camioneta. Siempre hay algo que te molesta: el aire acondicionado, la gente, el ruido. Caminaba bruscamente. Subimos a la camioneta. Me voy a Buenos Aires.

Eres libre. Haz lo que quieras. Mejor hubiese venido solo. Siempre termino arrepentido. Quedate en la cama. Yo no quiero vivir con un hombre que tenga hijas. Es un error. Son amores distintos. De pronto entra un hombre mayor, delgado, canoso, de anteojos, vestido con traje oscuro y corbata. Tras saludarnos, se sienta a mi lado, frente al espejo excesivamente iluminado por decenas de bombillos amarillentos que dan un aire a camerino de diva marchita, y espera su turno para ser maquillado por la Mora.

Ella se desplaza con rapidez, mueve sus utensilios y empieza a pasar una esponja impregnada de base por el rostro ajado del panelista.

Full text of "The Spanish translator;"

De pronto, el hombre hace unos ruidos muy raros, guturales, cavernosos, como si fuera a toser o escupir, y cierra los ojos y se desmaya hacia un costado, de un modo tan violento que cae de la silla y se da de bruces contra el suelo de baldosas blancas por el que tantas veces hemos visto pasar roedores sigilosos.

La Mora lanza un alarido sin soltar su esponja y yo me quedo sentado sin atinar a nada. Y si se queda muerto, ya lo dejo preparadito para el velorio. Ligia Elena se marcha presurosa, rumbo al estudio. Ha muerto.

Lorenzo Silva

Y ahora la Mora se inclina reverente, le pone colorete en los labios y un poco de polvo en las mejillas y cubre el rostro del finado con los papeles del dictador muerto. Jaime Bayly El canalla sentimental 75 Me invitan a dar una conferencia en Washington. Pero no le entiendo nada. Le obedezco, bostezando. Me siento, en efecto, sobre la mesa de vidrio. Enseguida se parte y me hundo con ella y mi trasero se golpea contra la alfombra mullida y quedo sentado dentro de la mesa quebrada y sobre los vidrios rotos. Es mentira.